Autor: CP. Eduardo Comte Villalobos
eduardocomte@yahoo.com.mx
CAPITULO I.- El motivo de la fundación de la Villa de
la Ascensión en el paso de las aguas calientes.
ANTECEDENTES Y EL CAMINO DE EL PASO DE LAS AGUAS
CALIENTES:
El descubrimiento de las minas de Zacatecas por
Juan de Tolosa en 1546, haciendo participes de ellas a Miguel y Diego de
Ibarra, quienes explotan ese y otras minas que van descubriendo, como las de
Asientos, atraen a numerosos colonos y aventureros quienes fueron contantemente
asediados por los Chichimecas en la región.
En las primeras concesiones de estancias otorgadas por la corona
española en la comarca de Toluca, también llamada Valle de Matalcingo y en
apariencia, la superficie asignada a la estancia no fue suficiente y hacia 1539
los dueños de estas estancias saturadas de ganados, despoblaron muchas de ellas
trasladando sus rebaños a la inmensa zona comprendida entre el rio San Juan y
Zacatecas. Las estancias de ganados
siguieron prosperando a tal grado que invadieron las tierras de los indios,
provocando un enojo por los daños causados.
El virrey don Luis de Velasco, poco después de tomar su cargo, ordenó la construcción de una cerca divisoria
de más de diez leguas de longitud, sin embargo, los pleitos continuaron y por
ello se ordena más tarde su destrucción por disposición real en el año de 1555.[i]
La falta de población aborigen sedentaria, contribuyo indirectamente al
aumento del ganado que se dispersan con entera libertad por tierras que nadie
reclamaba. En esta región, el ganado se
distribuía a ambos lados de una línea irregular, que partiendo de Guadalajara subía
hacia Aguascalientes y Zacatecas y Nombre de Dios, por lo que la zona minera se
convirtió en uno de los centros ganaderos más importantes.
Mientras Zacatecas crecía gracias a la explotación de alrededor de
cincuenta minas que llegaron a crecer en solo dos años desde 1546 a 1548, que
la convirtieron en la segunda ciudad de los territorios conquistados, otras
minas comienzan a explotarse en 1552 las minas de Pachuca, en 1554 Francisco de Ibarra y sus compañeros
descubren las minas de Fresnillo, Saín Alto, San Martín, Mazapil, Avino,
Chalchihuites, Llerena y Sombrerete, las
minas de Guanajuato en 1564 comienzan a explotarse, construyéndose así la famosa “ruta de la
plata” entre Zacatecas, Guanajuato y México.
El nacimiento de esta ruta, impulso el transito de carretas cargadas de
minerales, herramientas y mercancías, así como el acuñamiento de monedas. Sin embargo, estos grupos humanos se
convirtieron en el blanco de asaltos y asesinatos por parte de los chichimecas.
Esta situación provocó a tal grado que los virreyes (Luis de Velazco
padre y Martín Enríquez de Almanza), determinaran la política de establecer
poblados y la construcción de “presidios” a lo largo de la mencionada ruta (Portezuelo,
Ojuelos, Bocas, Ciénega Grande y Palmillas) para ofrecer mayor protección,
descanso y oportunidad de relevo de los custodios.
La ruta de la plata y la expansión ganadera hacia el norte, estimularon
el establecimiento de poblaciones sedentarias y asentamientos irregulares en
diferentes puntos de la región.
Inicialmente el camino real de la plata fue el que pasaba por Querétaro,
San Miguel, San Felipe y Zacatecas y en dicho camino se construyen los primeros
presidios de Portezuelos, Ojuelos, Bocas, Ciénega Grande y Palmillas.
Alrededor de la segunda mitad del siglo XVI, se da la apertura del
camino de Querétaro a Celaya, León y Lagos.
Sin embargo, el camino recto de Santa María de los Lagos (fundada en
1563 por Hernando Martel) a Zacatecas, a pesar de ser la ruta más directa con
una línea recta, también era territorio controlado por los chichimecas, por lo
que se pensó en otro camino alterno que además era conveniente para comunicar a
Zacatecas con Guadalajara y Michoacán y ello da origen al Paso de las Aguas
Calientes que pasaba por el lugar conocido como el Valle de los Romeros.[ii]
PRIMEROS
ASENTAMIENTOS EN LA VILLA DE LA ASENCIÓN
Aparentemente uno de estos asentamientos en
1550 se dio en los terrenos cercanos a Cieneguilla del Monte, en donde Cristóbal
de Oñate y Diego de Ibarra tenían sus ganados.
Para 1555 en esa zona, Fernández de Proaño y Alonso Vázquez se posesionaron
de tierras abandonadas para solicitarlas mediante una merced por denuncia. Al parecer se les niega y más tarde son
otorgadas dichas tierras a Jerónimo de Orozco y él posteriormente cede sus
derechos a Hernán Flores de la Torre.[iii]
Una de las primeras
mercedes de tierra pegadas a la villa, si no es que la más antigua, fue la que
se concedió a Hernán González Berrocal el 7 de julio de 1565 y dice: "una
estancia de ganado mayor y una caballería y media de tierra en el valle de los
romeros, que es por los chichimecas, [en el] sitio de Aguascalientes, de la
parte de poniente un mezquite grande, linde con estancia de Gaspar López, y al
norte tiene un arroyo seco; en la parte del levante una sierra pedregosa, y al
poniente estancia de Francisco Guillén".
Entre los primeros pobladores, algunos españoles procedentes de Santa María
de los Lagos entre los que se puede mencionar a Alonso Avalos Saavedra, Gaspar
López, Francisco Guillén y Hernán González Berrocal, quien solicito al rey
Felipe II, una concesión de tierras para cultivo y ganado a la que bautizó, con
el nombre de Triana, en honor al lugar de Andalucía de donde era oriundo. (Topete del
Valle, Abril 1988)
En los alrededores del
valle de Aguascalientes, parece que Nicolás Ramírez, Cristóbal de Mata,
Francisco Gómez y Menzo López obtuvieron también algunas mercedes.[iv]
La ubicación de los terrenos limitados al norte con el arrollo de Los
Adoberos y al sur con el arrollo de El Cedazo, que llevaban agua de los escurrimientos
de los ojos de agua de El Cedazo y los manantiales de Ojocaliente, fueron un
factor muy importante para la selección de estos terrenos.
Alrededor de 1570 el
virrey don Martin Enríquez de Almanza, mando erigir el presidio del “Paso de
Aguascalientes” y llamado también el presidio de El Refugio, en la actual
esquina de Moctezuma y Victoria, lo que aseguró que esta construcción se convirtió
en el centro, a partir del cual, nace la ciudad de Aguascalientes. (Topete del Valle A. , 1973)
El capitán Juan de Montoro, quien residía en Santa María de los Lagos
partió con un grupo de doce vecinos para fundar una villa en el paso de
Aguascalientes.
A finales de 1574 o principios de 1575 llegan para trazar la villa,
tomando como punto de referencia el fuerte anteriormente mencionado. Dichos colonizadores tratan de apegarse lo
mas posible a la tradición urbanística plasmada en las ordenanzas del rey
Felipe II, publicadas en 1573 e inspiradas en las normas de edificación de las
ciudades romanas.
Algo que es importante mencionar, es que todos los fundadores de la
villa, eran vecinos de Santa María de los Lagos fundada en 1563 y viene la
duda, porque unos vecinos ya establecidos en una villa recién fundada, ¿salen
de su lugar para venir a fundar otra nueva villa? Un
eclesiástico que visitó la villa en 1578
constató que el lugar empezaba a despoblarse a causa de las "muertes y
robos" provocados por la guerra contra los chichimecas, pero también
"por los malos tratamientos que hacen los que gobiernan a los
vecinos".[v]
La ubicación de la
villa, quedó determinada más por cuestiones de seguridad que de conveniencia,
ya que lo lógico hubiera sido construir la ciudad los mas carca posible a las
fuentes naturales de agua, que eran los manantiales de Ojocaliente.
El documento que se conoce como acta, cédula o título de fundación de la
villa de Aguascalientes fue fechado en Guadalajara el 22 de octubre de 1575 y
lleva la firma del Dr. Jerónimo de Orozco, presidente de la audiencia de la
Nueva Galicia, aunque éste invocó explícitamente la autoridad del rey Felipe II
en nombre de quien actuó en esa diligencia.
Al parecer no se tuvo el cuidado de conservar una copia en el archivo
del cabildo, por lo que cuando era necesario compulsar el documento se tenían
que pedir copias a Lagos. Todavía en abril de 1712 el alcalde de Lagos enviaba
a Aguascalientes copias del título, que al parecer esta vez sí se conservaron.
El documento fue publicado por primera vez en 1871 por la Sociedad Mexicana de
Geografía y Estadística, a la que fue remitido desde Guadalajara por el Sr.
Ignacio Aguirre. Se publicó sin comentarios ni anotaciones, como "Título
para la fundación de una villa en el sitio de Aguascalientes".[vi]
De la cual transcribo una parte:
“Por cuanto por Juan de Montoro, por
sí y en nombre de Jerónimo de la Cueva y Alonso de Alarcón, y otras muchas
personas, nos fue hecha relación diciendo que ellos querían poblar una villa en
el sitio y paso que dicen de Aguascalientes, junto a unas casas que dicen tener
en el dicho sitio Alonso de Ávalos Saavedra, treinta leguas de la ciudad de
Guadalajara y dieciséis de las minas de los Zacatecas, atento que de ello se seguía gran servicio a Dios y
nuestro, y seguridad de los pasajeros que iban y venían a las dichas minas de
Zacatecas y Guanajuato y otros pueblos comarcanos que por allí pasaban, a causa
de las muertes y robos que en el dicho sitio y su comarca los indios de guerra
hacían y para que la dicha población más cómodamente se pudiese hacer y fuese
en aumento, diésemos facultad al consejo de la dicha villa para que pudiese
repartir entre los vecinos de ella las tierras y solares, estancias y huertas
que la dicha villa tuviere en el término que se le diese, o que sobre ello
proveyésemos como la nuestra merced fuese.
Lo cual, visto y consultado con el
Dr. Jerónimo de Orozco, nuestro Presidente de la nuestra Audiencia y
chancillería real que reside en la dicha ciudad de Guadalajara, nuestro
Gobernador de todo el nuevo Reino de Galicia del nuestro Consejo, se proveyó y
mandó se hiciese el asiento y traza de la dicha villa, a la cual pusimos y
ponemos por nombre la villa de la Ascensión, y hecho se trajese ante
nos, para que visto se proveyese lo que más conviniese" nuestro real
servicio, y para ello se dio cierto mandamiento e instrucciones, en
cumplimiento de lo cual parece se hizo el dicho asiento y traza de la dicha
villa entre doce vecinos que se hallaron presentes a ello, a los cuales se les
repartió ciertos solares de casas y suertes de huerta, estancias y caballerías
de tierra, y nombraron alcaldes y regidores, y un síndico procurador de la
dicha villa, y lo trajeron y presentaron ante nos, y nos pidieron y suplicaron
les mandásemos hacer merced del dicho repartimiento y darle título de villa,
para que gozasen de las preeminencias, prerrogativas e inmunidades que las
demás villas de estos nuestros reinos gozaban y les debían ser guardadas. Lo
cual por nos visto, y que por información recibida acerca de lo susodicho nos
consta ser servicio de Dios y nuestro, y bien y pacificación de este dicho
reino, y pasajeros de la dicha población, se haga y lleve adelante, por la
presente es nuestra merced y voluntad, que [de] ahora en adelante para siempre
jamás la dicha población o sitio de Aguascalientes se llame y nombre la villa
de la Ascensión, a la cual señalamos y nombramos por términos suyos cinco
leguas a la redonda, con que en ellas no entre ningún pueblo de españoles, ni
naturales, ni sea en perjuicio nuestro ni suyo, ni de otra ninguna persona, y
como tal villa pueda nombrar en cada un año para la administración y de la
nuestra justicia dos alcaldes y cuatro regidores, y un síndico procurador del
consejo de ella, y hecha la dicha elección, antes y primero que usen de los
dichos cargos y oficios, la presenten en pública forma ante el dicho nuestro
gobernador que al presente es o fuere de aquí adelante y lleven confirmación de
ella, y como tal villa habían de gozar y gocen de todas las gracias y mercedes,
franquezas, libertades, preeminencias, prerrogativas e inmunidades que deben
gozar y gozan las tales villas y vecinos de ella de todo bien y cumplidamente
en guisa que voz no mengüe en de cosa alguna, y mandamos a las nuestras
justicias de los nuestros reinos y señoríos, a cada una de ellas en sus lugares
y jurisdicciones, ante quien esta nuestra carta de merced fuere presentada, vos
la guarden y la hagan guardar cumplidamente, sin que en ello vos pongan
embarazo ni impedimento alguno, sopena de la nuestra merced. Dado en
Guadalajara, a veintidós de octubre de mil quinientos y setenta y cinco años.
El Dr. Jerónimo de Orozco.”
En dicho documento, el mas antiguo que se tiene con la certeza
documental, sobre el acta de la fundación de la villa, a quien Agustín R. González
hace referencia en su libro Historia de Aguascalientes en 1881, lo transcribió
en forma errónea o supuso que tenía la falta y que en lugar de la Villa de
la Ascensión, como lo dice textualmente, debería ser la Villa de la
Asunción, ya que en ese año ya en la parroquia se conocía Aguascalientes como
la Villa de la Asunción de nuestra Señora de las Aguas calientes. En mi opinión y dado el origen del nombre que
originalmente fue llamado el Paso de las Aguas Calientes que las mismas ascendían
del suelo las aguas calientes, me parece totalmente razonable el nombre
original de la Villa de la Asención de las Aguas Calientes. Este error, fue por muchos historiadores
tomado como dogma por muchos años, en razón de que la primera historia de
Aguascalientes fue escrita por Agustín R. González, de quien hago yo también algunas
referencias.
Pocos años después en 1605 se da la categoría de como Alcaldía Mayor
bajo la jurisdicción del Reyno de Nueva Galicia al que quedó sometidas en lo
civil, político y militar.
En apego a las ordenanzas del virrey, influye también la selección del
lugar para la Villa, pues de acuerdo a estas, y con la tradición romana
reflejada en las mismas, la zona a edificarse debería estar en un terreno
plano, peor con una ligera inclinación a fin de asegurar el correcto drenaje de
las aguas y debería estar a una altura suficiente respecto al nivel de ríos y arrollo
para evitar inundaciones.
En los primeros años
del siglo XVII, al tiempo que terminaba la guerra, fue convertida en cabecera
de parroquia del obispado de Guadalajara y alcaldía mayor de la Nueva Galicia,
lo que mejoró su estatus y aseguró su porvenir.
En octubre de 1609 fue visitada por el oidor Gaspar de la Fuente, quien denunció
con acritud los abusos de los estancieros y la completa falta de orden y buena
traza del lugar. Como resultado de su visita, dictó un auto relacionado con la
población y aumento de la villa, que, bien leído, constituye una verdadera acta
de refundación. En esta visita, Gaspar de la Fuente asentó que en la villa
había 24 o 25 vecinos españoles, 50 familias mestizas, mas de 100 mulatos, 20
negros y 10 indios, aproximadamente 450 habitantes.[vii]
Según un padrón
formado por el cura Hernando Calderón, en 1648 la villa tenía 65 casas y 674
habitantes, sin contar los 81 indios avecindados en San Marcos.
Nótese en el mapa presentado del año de 1750 (anteriormente ilustrado),
las acequias descritas, ya las garitas en cada salida de los caminos y la
existencia del puente principal en el arroyo del Cedazo y los puentes sobre el
arroyo de los adoberos, mismos que eran más pequeños de madera.
CAPITULO II.- LOS RECURSOS HIDRAULICOS DEL VALLE DE LAS
AGUAS CALIENTES
La hidrología era muy semejante a la
inventariada por Isidoro Epstein en 1861, quien inventariaba 18 manantiales
llamados Ojocaliente, los cuales brotaban con una descarga aproximada de 137
litros por segundo con una temperatura entre los 30 y 40 grados centígrados.
El manantial de La Cantera que nacía al poniente de la ciudad con aguas
termales en 30 grados con una aportación de 100 litros por segundo; el
Manantial de Ciénega Grande en el Oriente del estado con una descarga de 100
litros por segundo, el manantial de Los Negritos al poniente de la ciudad, el
manantial de Los Arellano y de estos últimos se desconoce las descargas.
Los ríos perenes en la localidad, los principales eran el rio Los
Pirules, también conocido como el rio Curtidores y hoy llamado actualmente rio
San Pedro cuyo escurrimiento instantáneo en época de estiaje oscilaba entre 734
y 948 litros por segundo y sus afluentes los ríos Pabellón y Santiago que nacen
en la Sierra Fría.
El rio Chicalote que tiene su origen en la Hacienda de San Marcos, el
rio Morcinique en la hacienda de Guajolotes y el de la Labor en la sierra del
mismo nombre.
Ya en la villa, el suministro del agua era por acequias. La acequia principal era alimentada por 18
manantiales que brotaban al pie del peñón de Ojocaliente que corría de este a
oeste a lo largo de lo que se conocía como “camino del Ojocaliente” (actual
Alameda o avenida Revolución), siguiendo después, ya “intramuros” de la villa,
por la que no por casualidad se llamaba “calle del Ojocaliente” (actualmente
Juan de Montoro), hasta llegar a la plaza.
Después se construyó una segunda acequia que se desviaba hacia el sur,
para abastecer al barrio de Triana. La tercera acequia, atrás de la parroquia
—por la calle a la que en ese tiempo daba nombre la ermita de San Sebastián, la
misma en la que los padres de La Merced construirían templo y convento corría
una acequia que llevaba los “remanentes”, que se acumulaban en una laguna de
donde abastecían los indios de San Marcos sus huertos.
A partir de estas tres acequias principales se fueron formando otras,
conforme creció la villa y se hicieron nuevas casas, muchas con sus
correspondientes huertos.
A menos de una legua al sur, estaba el manantial del Cedazo, que no
llegaba a la villa, sino que drenaba en el arroyo del mismo nombre. Éste
limitaba por el sur con el barrio de Triana y se unía al “arroyo de la villa” o
de los Adoberos, cerca del pueblo de San Marcos.
Los arroyos del Cedazo o también llamado de la Cañada y de Los Adoberos
eran las principales vías de captación de aguas pluviales de Aguascalientes.
Figura:
Plano hidráulico de Aguascalientes.
EL ACUEDUCTO DE EL CEDAZO
Para 1730 es nombrado Alcalde Mayor de la villa
el Lic. Matías de la Mota Padilla, quien, preocupado por el aprovechamiento del
agua, emprendió una de las grandes obras, si no es que la más importante de la
Colonia, en el aspecto hidráulico: El
Acueducto de el Cedazo.
Desgraciadamente, en su mandato que terminó en 1732 no alcanzó a
terminar esta obra y un puente en el arrollo de La Cañada o el Cedazo de 33.6
metros de largo, ya que en época de lluvias impedía el paso de los vecinos y
visitantes que venían de Santa María de los Lagos.
Cito el siguiente
texto:
“Viendo que el agua de que se servían los vecinos se azolvaba y llenaba
de inmundicias, emprendió introducir otra a la población, a cuyo efecto fabricó
quinientas varas de atarjea, arbitrando recursos, recaudando las rentas de
propios que estaban atrasadas, animando a los vecinos para que contribuyesen, y
condenando los reos de poca monta al trabajo de aquella obra. Cesó esta cuando
concluyó el gobierno de Mota Padilla; pero aun separado de él, consiguió más
adelanto quo mandara continuarla el presidente de la audiencia”[viii]
En 1792 Félix Calleja anotó respecto al abasto de agua que las “pequeñas
acequias” que pasaban por las calles eran “simples zanjas sin revestimiento en
las que se consume la mayor parte del agua, razón por la cual no aumentaba el
número de huertas y algunas de las que había se secaban, “no pudiendo subsistir
en este país ningún plantío sin riego”.
No menciona la existencia de ningún acueducto, quizá el mismo no estaba
aún terminado.
En noviembre de 1861 Pablo y José María Chávez compraron al ayuntamiento “una paja de agua de la de Triana” y construyeron por su cuenta un acueducto desde la plazuela del Encino hasta su casa u Hotel de Diligencias, donde estaba la fuente que querían alimentar, en la calle llamada del Obrador —hoy José María Chávez.
CAPITULO III.- LOS PUENTES EN AGUASCALIENTES
EL PUENTE DEL
ARROYO DEL CEDAZO
Ubicado en el sur de
la ciudad, el Alcalde Mayor de la villa en 1730 el Lic. Matías de la Mota
Padilla ordeno la construcción de un puente para cruzar el rio de la Cañada hoy
arrollo el Cedazo y el camino a México hoy calle de José Ma. Chávez y antes
calle del Obrador.
Cito el siguiente
texto,
“El rio do la Cañada
Honda, con sus crecientes, ocasionaba desgracias en los caminantes, é impedía
el comercio y la administración de sacramentos. Para evitar esos males,
emprendió Mota Padilla la construcción de un puente de más de cuarenta varas de
largo, cuya obra, lo mismo que la de la saca del agua, quedó suspensa al
terminar su gobierno, y también a instancias suyas, como abogado fiscal, se
continuó después, habiendo ayudado el obispo con quinientos pesos que dejó al
ir haciendo la visita de su diócesis.”[ix]
La imagen mostrada corresponde a la ampliación del puente que hizo el gobernador en turno Luis Ortega Douglas, pero ya no sobre el puente original. (1956-1962)
EL PUENTE DE ESTA VILLA
(También llamado de SAN IGNACIO o DE LA FUNDICION o EL PUENTE VIEJO)
El puente de San Ignacio, como hoy se le conoce por costumbre, está
situado al noroeste de la capital del estado de Aguascalientes, en la salida
hacia un poblado llamado San Ignacio donde estuvo a finales del siglo XIX la
antigua Fábrica de Hilados y Tejidos de lana San Ignacio propiedad de los
franceses Pedro Cornú y Valentín Sticker, distante a menos de una legua de la
población. Pero también era un paso clave en la comunicación terrestre hacia el
noroeste del territorio de la Nueva Galicia, en calidad de ruta alternativa
hacia la importante ciudad minera de Zacatecas, pasando por el poblado de Jesús
María. Sirve para cruzar sobre el mencionado río de la Villa hoy llamado Rio San
Pedro, que corre al poniente de la ciudad de Aguascalientes.
Es un puente formado por nueve arcos de medio punto, con una longitud de
casi 85 m y un ancho de vía libre de 3.85 m. Los tres arcos principales
colocados en el centro son de medio punto y tienen casi 5 m de claro, mientras
los seis restantes, de alivio para las avenidas son irregulares y de
dimensiones más reducidas (entre 3 y 3.5 m de claro).
En el puente se encuentran grabados, una serie de imágenes y anagramas,
además de las inscripciones, que hoy en día no se encuentran en buen estado,
debido al desgaste del tiempo y la calidad de los materiales.
Imagenes y estudio proporcionado por Mario
Esparza
En general, sus condiciones materiales son
adecuadas, aunque le suele crecer alguna poca de hierba en varios de sus
tajamares (elementos angulosos en que terminan los extremos de los pilares, a
fin de cortar la corriente de agua por el flanco que da hacia “río arriba”),
sobre todo en los de la cara norte del puente, que es la que recibe en directo
el empuje del agua. Empero, el deterioro más importante que ha sufrido el
puente se advierte en las cartelas de piedra que se encuentran en las dos
columnas del extremo oriental de los pretiles; esto es, el lado que da hacia la
ciudad de Aguascalientes. Dichos pretiles, en los últimos tiempos, han sido
víctimas de “pintas” y hasta han sufrido el desprendimiento de pedazos de
piedra, por lo que el texto grabado en algunas de las cartelas resulta casi
ilegible (agosto de 2007).
Cita el mismo Agustín R. González en su libro de Historia de
Aguascalientes, que fue construido a impulsos de la propiedad del Obispo de
Guadalajara en turno el Dr. D. Juan Gómez de Parada y a oficios del cura de
esta parroquia Don Manuel Colon de Larreategui y que comenzó en 1743 y en los
siguientes años como se iba alcanzando.
Él contribuyó con la cantidad de $ 5,000 (cinco mil pesos) y hasta 1754 prácticamente
estaba terminado, ya que solo le faltaban los pasamanos y empedrados que no se
habían hecho por falta de dinero.
“En el año de 1753, fueron tan abundantes y copiosas las aguas en este
reino, que impidieron los comercios por lo atascoso de los caminos: causaron
muchas ruinas en varios edificios en Zacatecas y en algunos de esta Villa. Destruyeron
y arrebataron las corrientes las presas de las haciendas de San Bartolomé, sita
en esta jurisdicción y la de Ajojucar en la de Teocaltiche, el rio d esta
Villa, no dio vado en cuarenta y tres días y en dos de estos fueron tan grandes
sus corrientes que subió el agua en la caja hasta seis varias y tercia de los
pilares del puente.”[x]
Muchos otros historiadores o escritores sobre el tema, han afirmado que
fueron los Jesuitas quienes iniciaron la construcción de este puente, sin embargo,
no existe documentación que respalde dichas afirmaciones.
En el estudio realizado, no encontré fuentes
históricas que afirmen que dicho puente haya sido construido por ellos, ni que
se le llamara Puente de San Ignacio.
Este nombre, le fue dado por la población ya para finales del siglo XIX
o principios del siglo XX.
Hubo mas patrocinadores para la construcción y terminación de dicho
puente, por ejemplo, José de la Sierra Salmon, dejo en su testamento en 1742,
deja la cantidad de 200.00 pesos para la fábrica del puente que se ha de hacer
para el rio de esta Villa. En su
testamento, Felipe Peña Marañón dono la cantidad de 200.00 pesos, según afirma
el Dr. Gutiérrez en su obra de Historia de la Iglesia Católica en
Aguascalientes.
El Obispo Francisco San Buenaventura (1752-1762) donó 442 pesos, según
se puede apreciar en una de las piedras que está en los pilares.
También colaboró el gobernador y capital de la Nueva Galicia el capitán,
Joseph Basarte Barau (1751-1761) y el Alcalde Mayor de la Villa el Agustín Jiménez
de Muñana entre los años de 1757-1771
En el año de 1745 se terminó la última
bóveda en el año de 1745, según de puede apreciar la fecha en que dice grabado.
Imágenes de los anagramas y leyendas que se encuentran
bajo los arcos del puente, proporcionados por Mario Esparza.
El puente que nos ocupa, conduce a un poblado que se llama San Ignacio y
por ello también al puente le ha llamado la gente de San Ignacio, pues en el
acervo documental que he consultado de la época del siglo XVIII no le llaman
mas que El Puente del rio de la Villa, entendiendo que es el único ya que los
otros son arroyos. También le han
llamado el Puente de la Fundición, debido a que muy cerca de ahí existió la
Gran Fundición Central Mexicana establecida en Aguascalientes a principios del
siglo XX.
Si bien es cierto que el puente ya estaba en uso desde que concluyeron
las obras, su inauguración formal se retrasó hasta marzo de 1758. Para tal efecto
tuvo lugar un suceso donde participó el obispo de la Nueva Galicia, que vino
desde Guadalajara y quien había contribuido con 442 pesos para la construcción
del puente. Además, estuvieron el alcalde de la entonces villa de Nuestra
Señora de la Asunción de las Aguascalientes, el párroco de esa misma localidad,
así como el gobernador de la Nueva Galicia.
El puente en sus dos columnas, tenía dos placas de cantera, que hoy muy desgastadas, una que la tiene puesta y otra que esta en resguardo por el Colegio de Arquitectos de Aguascalientes, A.C.
Respecto a los hechos históricos de la Independencia asociados al puente
de San Ignacio, en febrero de 1811 por ahí cruzó el insurgente, oriundo de Jalostotitlán
(hoy estado de Jalisco), José María González Hermosillo. Éste, al frente de un
puñado de rebeldes combatientes, había sido enviado por la comandancia de las
fuerzas insurgentes hacia las provincias de Sonora y Sinaloa. Su encomienda era
extender la insurrección en aquella región del noroeste novohispano, donde en
algún enfrentamiento armado González Hermosillo habría de perder la vida por la
causa independentista.
Por ello, en 1831 se denominó a la capital sonorense con
el segundo apellido de ese prócer. Cabe señalar que, a principios de diciembre
de 1810, por el puente de San Ignacio habían pasado diversos contingentes
provenientes del occidente del actual estado de Aguascalientes. Iban a sumarse
a las fuerzas encabezadas por Allende, quien al frente de su ejército pasó tres
días en la villa de Aguascalientes cuando se hallaba de paso hacia Zacatecas.
Durante la presencia del ejército insurgente la localidad quedó convertida
en cuartel, en tanto el puente, como punto estratégico de la misma, debe haber
estado bajo la vigilancia de un piquete de las fuerzas insurrectas. En febrero
de 1811, pocos días después de la derrota de los insurgentes en puente de
Calderón, Hidalgo y los demás caudillos de la rebelión volvieron a pasar por
Aguascalientes. Y aunque por ser entonces estación de secas el río San Pedro
podía ser cruzado vadeándolo, es muy probable que hayan pasado por este puente
en su repliegue hacia el norte, en especial para facilitar el desplazamiento de
los carros con el bastimento, la artillería y las recuas de animales cargados. [xi]
LA PIEDRA PERDIDA DEL
PUENTE DE SAN IGNACIO
Alrededor del año 1997, hubo un accidente y el vehículo colisionó con
una de las columnas del puente y una de
las piedras se desprende.
Alguien la recoge y la trata para ser vendida a un coleccionista, con el
fin de hacer una mesa de centro. El Arq.
Pedro Becerra Vázquez, según nos narra, es contactado
por el vendedor y lo lleva a verla en una cantina donde estaba, quien
después de pedir el apoyo a la mesa directiva del Colegio de Arquitectos de
Aguascalientes, A.C., la rescatan pagando la suma de $ 25,000 (Veinticinco mil pesos 00/100MN).
Dicha piedra, se encuentra en resguardo de este colegio en exhibición y
están dispuestos a devolverla a su lugar de origen cuando se restaure el puente
por parte del gobierno del estado.
EL PUENTE DE LA
PURISIMA
Ubicado al sur de la ciudad, mismo que servía para cruzar el arroyo de
El Cedazo sobre la calle del Obraje, fue construido a principios del Siglo XIX
por Don Juan de Dios Belaunzaran, último propietario de la Fábrica de hilados y
tejidos El Obraje, quien hizo grandes esfuerzos por sostenerlo, sin embargo, la
introducción de tejidos extranjeros y las fábricas de mantas y otros géneros
quitaron el trabajo a muchas personas en esta fábrica. (González, 1881) (Pág. 121)
Este puente fue demolido en la década de los setentas del siglo XX.
EL PUENTE DE
CHICALOTE
A mediados del siglo XIX se inicia su construcción, antes usaban el de
san Ignacio para cruzar el Rio Gil o llamado también Rio Chicalote y
comunicaban las estancias de El Zapato, La Guyana, La Trinidad y claro El
Chicalote, partiendo desde el Mesón amarillo, donde estaba el famoso PUENTE DE
LA GARITA (hoy Av. Independencia) Pertenece al tercer ramal del camino real
Tierra Adentro.
Este puente fue construido (iniciado y terminado) por el Gobernador en
segundo turno José Ma. Chávez en la segunda mitad del siglo XIX (González, 1881) (pág. 330)
PUENTE DEL MERCADO
CALERA
Entre las calles de
Colón y José María Chávez se inicia la obra en 1917 y termina la obra en 1918
un puente para cruzar sobre el arrollo de los adoberos al nuevo mercado calera
que se ubicaría en esa misma zona. [xii]
PUENTE LAS CANOAS y EL
PUENTE DE LOS PARGA
En el cruce de la
calle de El Olivo hoy Josefa Ortiz de Domínguez y el arrollo de El Cedazo la
Viuda de don Ignacio Madrazo solicito la autorización al municipio de
Aguascalientes en marzo de 1918 para construir ese puente y otro mas en el
cruce del el arrollo de Parga que atraviesa el camino a San Bartolo.
PUENTE DEL ANTIGUO
CAMINO A JESUS MARIA
Existía un puente para
cruzar el arroyo de los Arellano, lo que hoy es la Av. Fundición que conducía
para el antiguo camino a Jesús María, mismo que fue demolido cuando se trazó la
avenida Fundición, del cual no se tienen mayores noticias que las narradas por algunos vecinos de dicha avenida.
PUENTE DEL MESON
AMARILLO
Existía otro pequeño
puente para cruzar el arrollo de los Arellano y lo que era el antiguo camino
real a Zacatecas, mismo que fue demolido cuando se hace la Av. Independencia. No se tienen mayores noticias mas que las de un testigo que era vecino de la zona.
EL PUENTE DE LA
SALIDA A CALVILLO
Este puente fue
construido en la década de los cuarentas del siglo XX con mampostería,
sustituyendo al anterior que era de madera.
BIBLIOGRAFIA
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Potable y Alcantarillado de Aguascalientes. (1995). MANANTIALES VIDA Y
DESARROLLO SIGLOS XVI-XX. Aguascalinetes Ags Mexico.
ESPARZA, M. (SEPTIEMBRE de
2019). IMAGENES DEL PUENTE DEL RIO GRANDE DE LA VILLA. AGUASCALIENTES,
AGUASCALIENTES, MEXICO.
Gómez Serrano, J. (2014). El
abasto de agua en la villa de Aguascalientes. El acueducto de el Cedazo
1731-1891. Tzintzun · Revista de Estudios Históricos.
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DE LA CONQUISTA DE LA PROVINCIA DE LA NUEVA GALICIA, PUBLICADA POR LA SOCIEDAD
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guía para visitar la Ciudad y el Estado. Modernos talleres de imprenta y
offset Daniel Mendez Acuña.
Topete del Valle, A. (Abril
1988). Revista Aries No. 133, Pag. 5 y 6.
[i] Lira Andrés y Muro Luis. Historia general de México. Tomo I México
Colegio de México 1981 p. 408.
[v] "Relación
de Lorenzo
López de Vergara,
canónigo de la iglesia catedral de Guadalajara", citada por
Gutiérrez, Agua.scaüentes
y su región de influencia. 169.
[vi] Boletín de la Sociedad Mexicana, de Geografía
y Estadística, segunda época, tomo III, 1871, pp. 17-19.
[xi]
http://boletin-cnmh.inah.gob.mx/boletin/boletines/3EV16P155.pdf
[xii] AHM 1918



























